
«Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos hasta los confines de la tierra» (Hechos 1,8).
La Confirmación es el sacramento que perfecciona la gracia bautismal y fortalece al cristiano con la plenitud del Espíritu Santo. A través de él, el creyente es llamado a dar testimonio de su fe con valentía y a participar activamente en la vida y misión de la Iglesia.
Sentido de la Confirmación
- Don del Espíritu Santo: el confirmado recibe sus dones (sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios).
- Madurez en la fe: consolida la decisión personal de seguir a Cristo y vivir según el Evangelio.
- Compromiso misionero: envía al cristiano a anunciar la fe y a servir en la comunidad y en el mundo.
La celebración
La Confirmación se celebra ordinariamente durante la misa y es conferida por el obispo (o por un sacerdote delegado). Los signos principales son:
- La imposición de manos: gesto bíblico de transmisión del Espíritu.
- La unción con el Santo Crisma: óleo perfumado que consagra y fortalece al confirmado.
- Las palabras del ministro: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”.
Preparación catequética
Antes de recibir este sacramento, los candidatos participan de un camino de catequesis que los ayuda a comprender:
- El papel del Espíritu Santo en la vida del cristiano.
- La importancia del testimonio en la vida diaria.
- La necesidad de una fe consciente y activa en la comunidad.
