
«Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso» (Mateo 11,28).
La Unción de los Enfermos es uno de los sacramentos de curación que la Iglesia ofrece como signo de la misericordia de Dios. Está destinado a quienes atraviesan una enfermedad grave, debilidad avanzada por la edad o se preparan para una intervención quirúrgica importante. No es únicamente “el sacramento de los moribundos”, sino un don de fortaleza y consuelo para el enfermo y su familia.
Sentido del sacramento
- Presencia de Cristo: en la enfermedad, el Señor se acerca de manera especial para dar paz, esperanza y fortaleza.
- Unión con el sufrimiento de Cristo: el dolor se transforma en ocasión de gracia y participación en la obra redentora.
- Perdón y sanación espiritual: ofrece el perdón de los pecados si el enfermo no pudo confesarse, y ayuda a preparar el corazón para la vida eterna.
Fundamento bíblico
El sacramento está profundamente enraizado en la Palabra de Dios:
«¿Está enfermo alguno de ustedes? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. La oración de fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si ha cometido pecados, le serán perdonados» (Santiago 5,14-15).
La celebración
El rito de la Unción incluye:
- La oración de la Iglesia: el sacerdote intercede por el enfermo.
- La imposición de manos: signo de invocación del Espíritu Santo.
- La unción con el óleo bendecido por el obispo, en la frente y en las manos, con la oración: “Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Amén. Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. Amén.”
Frutos del sacramento
- Consuelo, paz y ánimo para sobrellevar la enfermedad.
- Unión más íntima con Cristo en su pasión redentora.
- Fortaleza espiritual frente a la tentación del desánimo.
- Preparación para el paso a la vida eterna, si es la voluntad de Dios.

